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Entrevista Yennifer Márquez – Matrona Activista por el Parto Humanizado

28 de diciembre | por |

"Lo que se cuestiona en relación a las inducciones y las cesáreas, es la forma indiscriminada en que se hacen sin existir razones desde la fisiopatología, sino más bien razones del equipo de salud, del sistema de salud y de cómo se ha construido la forma de ver el parto en la sociedad".

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ENTREVISTA A UN ESPECIALISTA

Yennifer es matrona, docente y madre de dos hijas. Desde su infancia escuchó las historias de parto en su familia, entre ellas los 17 partos que tuvo su abuela. Para su cumpleaños su madre siempre le contaba como había sido su nacimiento, quizás esas experiencias la llevaron a seguir este camino.

Estudió obstetricia y luego hizo un Diplomado en Parto Natural en la Universidad de Chile. Un par de años más tarde viajó a Barcelona a vivir una experiencia que cambiaria para siempre su mirada sobre el parto y nacimiento: estuvo en la Casa de Nacimiento Migjorn.

Es diplomada en Terapia Floral, Instructora de yoga kundalini pre y postnatal y ha participado en un sinfín de cursos, seminarios y congresos sobre parto natural, pelvis móvil, doula y  eutonia. También incursionó en un Magister en Antropología que aún no concluye.

Comenzó su trabajo como matrona en el Hospital Público El Pino, era reemplazante y trabajaba en todas la unidades, atendía partos institucionalizados y medicalizados, como los protocolos lo indicaban y como había aprendido en la Universidad. A los pocos años comenzó a implementarse el Chile Crece Contigo y comenzó a trabajar en el plan piloto del Hospital intentando cambiar los protocolos del parto y nacimiento.  En esos 5 años de turnos atendiendo partos aprendió mucho de la obstetricia, a reconocer las urgencias, las patologías y lo que no debe hacerse cuando se atienden partos. Para el próximo año espera la apertura de una Sala de Parto Integral ( con tina agua de caliente y silla parto vertical)  acercando este modelo al sector público de salud y entregar un espacio a los estudiantes para que aprendan acompañar partos respetados en ambientes acogedores.

Luego comenzó su carrera como docente en la Usach, con el sueño de poder cambiar, desde la formación, la atención medicalizada e intervencionista del parto y nacimiento. En este lugar se abrió una tremenda oportunidad de trabajar el tema, cambiar la malla curricular, incorporar asignaturas afines, incorporar el activismo y ampliar la formación al postgrado realizando capacitaciones y asesorías.

La creación el 2014 del Postítulo de Gestación, Parto y Nacimiento Consciente en la USACH, fue el espacio que le permitió integrar todo lo que había soñado para entregar a los estudiantes. Para el 2017 se cambiará de casa de estudios, llevando este programa a la Universidad San Sebastián.

Paralelamente acompaña partos naturales en el área privada tanto en clínica como en casa y es parte de la Asociación de matronas Maternas Chile, grupo de profesionales que busca construir políticas publicas que aseguren el derecho a parir en casa. Para ella, ha sido un privilegio poder acompañar mujeres y estar  presente en sus partos. Hoy siente que todo lo aprendido ha sido para poder tener la fuerza necesaria para parir a sus dos hijas, para transitar por la gestación, parto, puerperio y crianza y poder vivenciar el poder del cuerpo femenino.

ENTREVISTA

1. ¿Por qué surge este movimiento global que busca que los partos sean respetados?

Siento que surgen desde la necesidad de las mujeres de ser escuchadas y respetadas en el evento más creativo de la vida que es dar a luz. Este movimiento social, que lleva varias décadas en el mundo y en que en nuestro país se ha posicionado fuertemente estos últimos cinco años, gracias a las redes sociales, es un grito desesperado de las mujeres y la sociedad, no queremos seguir naciendo de esta manera, no queremos medicalizar nuestras vidas, no queremos exceso de intervencionismos, no queremos seguir trabajando en estos ambientes fríos y jerarquizados, no queremos más violencia en los partos y nacimientos.

2. ¿Cuáles son las razones médicas por las que realmente se debería inducir un parto o realizar una cesárea?

Hay pocas razones justificadas para intervenir un parto, si por razones “médicas” se tratase, hay varias razones que son del equipo de salud, por ejemplo en el área privada prima los tiempos del médico y la matrona, considerando que el tiempo tiene un valor monetario importante, el parto y las razones para intervenir pasan a ser un tema de economía, es más productivo programar partos y cesáreas en un tiempo determinado. También existen por ejemplo en el área publica, el miedo del equipo de salud, miedo a la demandas, a no saber hacer otra cosa, entonces mejor intervengo por si acaso pasa algo. Estas razones no tienen que ver con la fisiología del parto ni necesariamente los deseos de la mujer.

Ahora razones que desde la fisiopatología pueden existir, existen enfermedades durante la gestación como por ejemplo preclamsia severa, diabetes gestacional descompensadas, alteraciones en el flujo placentario, entre otras que hacen necesario inducir el parto o a veces programar una cesárea; también existen urgencias obstétricas como el desprendimiento de placenta, asfixia fetal, entre otras que hacen necesario intervenir incluso quirúrgicamente. Estas complicaciones ocurren y seguirán ocurriendo, ahora es necesario reconocer que el porcentaje de mujeres que necesita intervención es la minoría y cuando se puede intervenir en esta minoría ya sea con la inducción de un parto o una cesárea, es una bendición, se puede salvar la vida de la madre y él bebe, eso no se cuestiona.

Lo que se cuestiona en relación a las inducciones y las cesáreas, es la forma indiscriminada en que se hacen sin existir razones desde la fisiopatología, sino más bien razones del equipo de salud, del sistema de salud y de cómo se ha construido la forma de ver el parto en la sociedad, el parto como una enfermedad y el cuerpo de la mujer como una maquina defectuosa que no sabe parir, entonces las mujeres cuando van al hospital a parir, van a “mejorarse” y a que le hagan y pongas “cosas” que la ayuden a parir.

3. ¿Es posible tener un parto vaginal después de una cesárea? ¿en estos casos, la mujer debe prepararse de alguna forma especial?

Es posible tener parto vaginal después de cesárea, incluso las guías nacionales e internacionales lo recomiendan y señalan como opción. Ahora como prepararse es algo muy personal y depende de las necesidades de cada mujer y familia, lo que es importante es estar informada. En esta sociedad lo referente al cuerpo de la mujer, en particular lo que tiene que ver con el parto no es algo universal, hay muchas diferencias en la atención del parto y nacimiento.

Las mujeres tienen que conocer cómo funciona el sistema de salud, cuáles son sus derechos, sus expectativas, sus posibilidad. Algunas necesitaran ir a talleres de partos, otras conversar con amigas, algunas usar las redes sociales, leer libros, hacer yoga, etc., cada forma es particular y según las necesidades de cada mujer.

Desde la fisiología, el cuerpo de la mujer es apto para gestar, parir y amamantar en la mayoría de los casos, pero como el parto no sólo es un evento fisiológico, desde lo cultural, social, emocional y espiritual también es necesario avanzar y prepararse, quitándose los miedos, empoderándose, informándose, confiando y eligiendo un equipo de matrona-médico que estén alineados con lo que ella quiere. Si se atienden en el sector público estar informadas, conocer los derechos y deberes del paciente, las recomendaciones del Chile Crece Contigo y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

4. ¿Qué son las casas de parto y por qué aún no existen en Chile?

Las casas de partos son espacios creados para acompañar a la mujer durante la gestación, parto y puerperio, estos espacios son administrados por matronas y se pueden atender partos de gestación fisiológicas, sin patologías, los partos son acompañados de forma natural, respetando la fisiología del parto, las necesidades de las mujeres, las recomendaciones internacionales y la evidencia científica. En este espacio no hay pabellón ni anestesista, solo se atienden partos naturales, si la mujer requiere anestesia o el trabajo de parto no avanza según la fisiología, la mujer se tiene que trasladar a un centro hospitalario, el cual debe estar a 20 minutos.

Generalmente las casas de partos cubren las necesidades de la mujer durante el parto y nacimiento, tienen salas acogedoras, sillas de parto vertical, tina para el parto y un ambiente que se asemeja mucho a una casa. Acá no solo se atiende el parto, también es el lugar donde se realizan las consultas prenatales, talleres de parto y luego del parto algunas continúan con talleres de puerperio, lactancia o crianza. Como se mencionó, generalmente están administrados por matronas y se cuentan con insumos y medicamentos necesarios para atender el parto y para resolver urgencias antes del traslado.

Esta figura de atención no existe en nuestro país, no existe una legislación con respecto al tema. Las políticas públicas del siglo XIX y XX se enfocaron en trasladar el parto en casa al hospital, se invirtieron hartos recursos para que las mujeres fueran a parir al Hospital, eliminando con eso a las parteras tradicionales y haciendo una campaña negativa al parto en casa. Las políticas fueron efectivas, el último reporte del INE 2013 señala que el 99,8% de los partos fueron en una institución de salud.

Sin embargo, esa realidad está cambiando, las mujeres por diversos motivos, están buscando otros lugares para parir y así ha aparecido el parto en casa como opción válida para lo cual tampoco existe legislación, lo que no implica que tener el parto en casa o en una casa de partos o asistir partos en casa o abrir una casa de partos, sea ilegal.

El código sanitario en el artículo 117 señala “Los servicios profesionales de la matrona comprenden la atención del embarazo, parto y puerperio normales y la atención del recién nacido, como, asimismo, actividades relacionadas con la lactancia materna, la planificación familiar, la salud sexual y reproductiva y la ejecución de acciones derivadas del diagnóstico y tratamiento médico y el deber de velar por la mejor administración de los recursos de asistencia para el paciente” y eso no hace referencia al lugar del parto.

La OMS en el año 1982 señalo que “Para una mujer de bajo riesgo esto puede ser en su casa, en una maternidad pequeña o en una gran maternidad de un gran hospital. Sin embargo, debe ser un sitio donde toda la atención y cuidados se enfoquen en sus necesidades y su seguridad, tan cerca sea posible de su casa y su cultura”.

Nuestro país está al debe aun en temas de derechos, seguimos entregando una atención paternalista, seguimos creyendo que debemos controlar los procesos, en este caso controlar el proceso reproductivo, nos da miedo dar libertad, poder elegir donde parir es parte de los derechos del nacimientos propuesta por la Plataforma pro derechos del nacimiento y creo que dar libertad, en especial a las mujeres, aun es temido en Chile.

Se cree que si las mujeres tienen el parto en casa o en una casa de partos aumentara la mortalidad materna y neonatal y eso no es así, en los países en donde está legislado este tema los indicadores de salud son excelentes y mejores que los nuestros. Siento que esto está cambiando y va muy de la mano del empoderamiento que han tenido las mujeres, ellas están eligiendo parir en otro lugar y las matronas se están informando y atreviendo a dejar el hospital y conocer otros espacios para acompañar los nacimiento.

5. ¿Qué puede hacer una mujer que fue víctima de violencia obstétrica? ¿se penaliza la violencia obstétrica en nuestro país?

Es muy difícil el tema, hace pocos días salió en el Informe Anual de la Situación de los Derechos Humanos en Chile 2016, a cargo del Instituto Nacional de Derechos Humanos e incorpora un capítulo sobre Violencia Obstétrica. Hace un par de año no se hablaba de esto en nuestro país y ha sido un tema difícil de conversar en los equipos de salud. Esa dificultad de visibilizar la violencia obstétrica radica en reconocerla y comprender que tiene dos aristas importante, una es el trato a las mujeres y la otra el intervencionismo innecesario en el parto, este último punto es el crítico para los equipos de salud, ese intervencionismo, es precisamente la forma en que nos enseñaron a atender los partos, las clases de formación de matronas aún se titulan “Dirección y Gobierno del Trabajo de Parto y Parto”, por varios años se enseñó a conducir todos los trabajo de partos, romper membranas y hacer episiotomías de manera sistemática, entonces reconocer que lo aprendido y realizado durante años y en algunos casos muchos años, es muy difícil y doloroso para algunas personas.

Actualmente existen algunas instancias en donde las mujeres pueden llegar cuando sintieron que fueron víctimas de violencia obstétrica, situación que también es difícil de identificar en las propias mujeres que lo han vivido, algunas lo reconocen después de años, mucha de la violencia se traduce en estrés postraumático que es diagnosticado como depresión posparto que incluso está normalizado que ocurra en el puerperio de las mujeres.

Lo primero es hacer un plan de partos y conversarlo con el equipo de salud y la institución donde se van atender, dejar un reclamo en la OIRS, buscar apoyo y contención emocional, luego poder asesorarse con algunas agrupaciones que hoy día están funcionado como el Observatorio de Violencia Obstétrica, ellos entregar ayuda en cuanto a lo judicial y psicológico. Actualmente son muchos los testimonios de mujeres que han sentido que fueron víctimas de violencia obstétrica en nuestro país, pero muy pocos los casos que se han denunciado y que han tenido una respuesta satisfactoria, lo que se ha hecho valer es la ley de deberes y derechos de los pacientes. Por eso es tan importante estar informada, hacer un plan de partos, ojalá por escrito, y cuando no se respeten los puntos señalados en el plan de partos, existiendo la posibilidad que fuese así, poder dejar el reclamo por escrito y seguir el proceso pertinente.

Se está trabajando en un proyecto de Ley de Violencia ginecoobstetrica para poder legislar en la temática y penalizar los casos necesarios, la Coordinadora por los derechos del nacimiento, que agrupa a varias organizaciones civiles, tiene una comisión que está trabajando actualmente en el parlamento.

La verdad es que es súper fome tener que pensar en legislar en algo que no debería existir, si bien se puede demandar y quizás ganar esa demanda, ya le quitamos a esa mujer y a ese bebe la posibilidad de parir y nacer en un ambiente de respeto, intimidad y amor… Pero bueno, es una instancia valida, que fortalece el trabajo que se ha realizado durante años para favorecer el parto respetado y que también ayuda a las mujeres víctimas de violencia a poder sanar su proceso.

6. Viviste una cesárea con tu primera hija y un parto natural en casa con tu segunda hija, ¿Cuáles han sido los mayores aprendizajes en cada experiencia de parto?

Siento que para mí la maternidad por si sola ha sido un aprendizaje, mis dos hijas han sido y siguen siendo unas maestras en mostrarme la simpleza de la vida. En relación a la forma en que elegimos que fuera el parto, claro que he aprendido y se han llevado a un plano de sensaciones que mezclan mi profesión y mi vida de mujer.

Julieta, mi primera hija, nació por cesárea, yo era matrona activista por el parto humanizado, defensora del parto en casa y convencida de la fisiología del nacimiento, parir en casa siempre fue mi opción y afortunadamente mi pareja me apoyaba en la decisión, comencé el trabajo de parto en casa, esperamos que el cuerpo y la fisiología ayudaran a nacer a Julieta, pero en un momento el Universo de detuvo y cambio el sentido de nuestro plan de partos, nos fuimos al Hospital y nuestra hija nació por cesárea.

Fue una experiencia muy fuerte para mí, llore todo el traslado al Hospital, llore cuando me tuvieron que colocar medicamentos y anestesia, llore cuando nos fuimos a pabellón, las personas que me acompañaban ese día trataban de cuidar el ambiente, todos queríamos lo mejor, para mí y para Julieta, cuando nació fue tan rápido y tan estresante que no pude emocionarme, sentía que la anestesia me había anestesiado mi alma, recordaba el libro de Ibone Olza e intentaba comprender lo que sentía, Juan Carlos, mi pareja, lloraba de la emoción, sus lágrimas caían en mi cara, pero yo no podía reaccionar, no encontraba que ese momento fuera tan emocionante como lo había soñado, las primeras horas fueron terribles, el efecto de la anestesia me provocaban frio, temblores, quería amamantar, pero no sentía el cuerpo.

Los primeros días fueron difíciles en la casa, la lactancia costo, me dolía la herida, era un caos. La primera semana sentí que tenía que tomar una decisión, seguir llorando por la cesárea o continuar intentando, esta vez una lactancia y una crianza respetuosa y opte por lo segundo y eso fue completamente sanador, en algún momento pensé que quizás no podría volver a atender partos, no podría seguir siendo activista del tema, pero fue lo contrario, siento que me empodere más, que comprendí, ya no solo desde el neocórtex, si no desde lo más profundo, desde el cuerpo, las emociones y el espíritu, lo que implica parir por cesárea, cuando se quería un parto natural, comprendí la valentía de las mujeres para pararse y seguir con sus bebes, porque claramente es más difícil…

Con Maite, mi segunda hija, había harto miedo al comienzo, no quería tener muchas expectativas, no quería sentir de nuevo la frustración, en lo más profundo soñaba con parir en casa, pero quería bajar las expectativas, desde lo profesional, sabía que la cesárea anterior nos ponía el camino un poquito más difícil, pero también tenía confianza en el cuerpo de la mujeres, sentía que la maternidad había creado en mí una fortaleza increíble, que la cesárea no solo había abierto mi cuerpo, sino también mi alma y eso me daba esperanza, durante la gestación seguí trabajando como matrona, siento que poder acompañar gestando a mi hija, a otra mujeres en sus partos, fue súper sanador y enriquecedora, fue la forma de “prepararme para mi parto”, criando una niña de 3 años no había mucho tiempo para hacer yoga toda la semana, ir a talleres de partos, ni nada de eso…

Durante el parto de Maite tuve que terminar de sanar la cesárea, desprenderme de todos los miedos, llorar las frustraciones, reconocer mi fortaleza y la compañía de Juan Carlos y así, después de varias horas de trabajo de parto nació, nuevamente el Universo se detuvo y viví ese momento que siempre soñé, sentí esa emoción, esa oxitocina, esa felicidad y ese amor de forma instantánea, lo que vino después fue mucho más fácil que la vez anterior…. Después de vivir estas dos experiencias, tan opuestas en cuanto a procedimientos, forma y lugar y tan similares, en cuanto al amor y compañía, miro mi vida de mujer, madre y matrona muy distinta, sigo confiando en el cuerpo de las mujeres, en especial en momento de parir, sigo trabajando para que hayan más opciones de parir en ambientes llenos de respeto y en donde hagamos visible lo sagrado del nacimiento.

La maternidad me ha transformado como mujer y ha sido el mayor aprendizaje como matrona.

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