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El juego es mucho más que diversión: es esencial

17 de mayo | por |

El juego libre y espontáneo del niño se asemeja a las experiencias más elevadas y extraordinarias del adulto.

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Es muy común encontrarse en las plazas con adultos que con la mejor de las intenciones intentan decirle a los niños cómo jugar “Pedrito tienes que columpiarte con los pies así “, “Mi amor, no, no eso no se hace así”, “no, no así no se usa esto” son ejemplos típicos de una situación muy recurrente, donde los únicos perjudicados son nuestros hijos.

¿Qué debemos hacer en realidad los adultos? acompañarlos. Los adultos debemos dejar que los niños jueguen sin condicionarlos.

Como dice el pedagogo italiano Francesco Tonnuci “el juego libre y espontáneo del niño se asemeja a las experiencias más elevadas y extraordinarias del adulto, como la investigación científica, la exploración, el arte, la mística, las experiencias, precisamente, en las que el hombre se encuentra frente a la complejidad, en las que se encuentra de nuevo la posibilidad de dejarse conducir por el gran motor del placer.”

Stuart Brown,  médico psiquiatra, investigador clínico y fundador de National Institute for Play,  pionero en  la investigación del juego, señala que perdimos el juego en nuestra cultura, en el siglo XV todos los miembros de la sociedad incluidos adultos y niños se juntaban a jugar en la plaza, el lugar de encuentro por excelencia.

Los adultos hemos perdido esa capacidad innata de jugar y lo que es peor aún, estamos influenciando negativamente a las futuras generaciones al introducir nuestra mirada de adulto en sus juegos. El humor, los juegos, el alboroto, el coqueteo y la fantasía implican mucho más que diversión. Jugar mucho en la infancia hace adultos felices e inteligentes. Y si somos capaces de mantenerlo, puede hacernos aún más inteligentes a cualquier edad.

Los animales también juegan y son capaces de enviar señales especificas hacia otros animales, incluso en situaciones de ataque. Un animal puede cambiar la conducta y el estado de otro animal emitiendo  las señales precisas. Este descubrimiento es asombroso porque nos damos que el jugar nos provoca un estado especial. Un estado de juego en donde todo es posible.

Fotografía: http://blackandwhite.childphotocompetition.com

 

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