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El desafío de una maternidad consciente

04 de junio | por |

Buscar los ritmos de nuestros niños. Los ritmos de la naturaleza. Buscar las cosas simples. La belleza de sentir, pensar y amar.

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Las madres de hoy tenemos una responsabilidad mucho mayor, el mundo está cambiando: la alimentación, los ritmos, los trabajos, la comunicación, todo es mucho más rápido, desechable y violento.

Nunca antes vimos tanto plástico alrededor de nuestro niños, tantos alimentos tóxicos llenos de azúcar y sal, tanto consumo, tantas redes sociales, tantas imágenes.

Hay que aquietarse. Y eso cuesta. Hay que hacerlo por ellos y por nosotros mismos.

Buscar los ritmos de nuestros niños. Los ritmos de la naturaleza. Buscar las cosas simples. La belleza de sentir, pensar y amar. Desconectarse de todo para poder conectarse con uno mismo y con ellos. Sentir para poder ser. Es un trabajo interno maravilloso si se tienen las ganas y la voluntad de tomar las riendas de nuestras vidas.

Recordar que el ser humano es intrínsecamente amoroso y que guarda una bondad en su interior es algo que nos recuerdan nuestros hijos y que nos sirve de guía en este largo camino.

A las mujeres nos pasan cosas importantes durante la maternidad, en la gestación descubrimos que somos diosas, que podemos crear y acunar vida, esto nos ilumina, nos llena de energía. Luego en parto, descubrimos más y más cosas sobre nosotras mismas y nuestras capacidades de dar y amar.

Durante el puerperio  “nos sentimos revueltas”, así como si nos hubieran sacudido y estuviéramos tratando de entender que nos pasa. Nos encontramos con nuestras sombras, todo eso que no nos gusta de nosotras mismas y de nuestra historia real vivida que guardamos en el inconsciente.

Nuestros hijos nos brindan la oportunidad de entrar en contacto con esa parte oscura e iluminarla.  Si en ese momento somos capaces de detenernos y escucharnos, se nos abre una tremenda oportunidad, una apertura de conciencia, un camino que por cierto no es el más fácil, pero es el más enriquecedor y el que nos llevara más lejos.

Lo que uno gana cuando se conoce más a sí misma, es libertad para poder ser fiel a lo dicta nuestro corazón. Porque la evolución es dar un paso en la conciencia. No basta solo con ver, sino atreverse.

 

Fotografía: Yann Palmer

 

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