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¿Cómo dejar de gritar a nuestros hijos? – taller de La Pedagogía blanca

26 de agosto | por |

¿Es posible una crianza sin gritos? ¿Dónde poner los límites a un niño? La fundadora de la Pedagogía Blanca está convencida de que sí.

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Hace poco días asistimos a un interesante taller hecho por las españolas Mireia Long y Azucena Caballero, fundadoras de La pedagogía blanca  llamado “Dejar de gritar” dirigido principalmente a padres y madres. En esta sesión de más de 3 horas se hizo una invitación a tomar conciencia, conocerse y autocontrolarse, reconociendo que esta forma de relacionarse es dañina para toda la familia y por sobre todo para la salud emocional de nuestros hijos. Además se exploraron distintas herramientas prácticas para manejar el estrés y entender mejor a nuestros niños.

Autoconocimiento

La primera clave para entrar en un trabajo de autoconocimiento y autocontrol es preguntarse ¿Cuándo les grito a mis hijos? ¿En qué situaciones específicas? Partir por este punto es primordial para comenzar a esclarecer cómo es el mapa de nuestras reacciones. Para el común de los padres, los gritos generalmente se asocian con las horas de la comida, la hora de ir a dormirse, hacer las tareas, ir al colegio, a la hora del baño o la hora de vestirse. Momentos en que el agotamiento del día o la presión del tiempo juegan en contra.

Otra de las preguntas claves es preguntarse si uno reacciona de la misma manera (con gritos) frente a otros adultos y reflexionar ¿por qué somos capaces de contenernos frente a nuestros pares y no así frente a nuestros propios hijos? También resulta importante tomar conciencia si nuestros padres nos gritaban y sobretodo recordar cómo nos hacía sentir aquello.

Otro elemento fundamental es indagar si uno es capaz de reconocer cuando va a perder el control frente a los hijos, hay sensaciones físicas y emocionales que son evidentes y nos pueden llevar a identificar cuando es el momento para detenernos, respirar, salir o pedir ayuda a otro adulto.

El entorno

El entorno también juega un rol importante ya que influye muchísimo en nuestra percepción acerca de lo que es “normal”. Hay sectores donde se normaliza un trato poco respetuoso a los niños (empujones, zamarreos, gritos, castigos, humillaciones) y por tanto, se tiende a minimizar estas prácticas y se ven como parte de la supuesta “educación del niño”.

Lo cierto es que ninguna persona, ya sea adulto, niño, anciano, merece un trato poco respetuoso. Así como nos tratamos entre adultos, con amabilidad, compasión y empatía, deberíamos tratar con mayor razón a nuestros niños.

Está en nosotros el poder de modificar esta nociva forma de relacionarnos, haciéndonos responsables y conscientes de que los gritos son dañinos y son la base de una comunicación violenta.

Normas y limites

Otra de las invitaciones que nos hace el taller, es a reflexionar acerca de nuestras normas y límites. Cada cual sabe cuáles son las propias, hay límites naturales, culturales, personales e imprescindibles. En nosotros está el revalorarlos, ser creativos y ser capaces de transar y negociar en aquellas cosas que simplemente no son tan importantes.

Naturaleza de los niños

Para esto último, es muy importante reconocer la naturaleza de los niños y su comportamiento natural. Recordar que el instinto y las reales necesidades de los niños y guaguas, son las mismos de hace millones de años atrás (cuando vivíamos en la Prehistoria por ejemplo), nos pueden ayudar a reflexionar acerca de cuán distorsionado es su hábitat natural actual.

Situaciones que hoy nos parecen “normales” como cambiarlos de ropa varias veces al día, llevarlos al jardín todas las mañanas, pedirles que recojan sus juguetes, o que coman siempre a la misma hora, etc., son necesidades actuales no naturales, que en su mayoría, nos llevan al conflicto porque se alejan de su verdadero instinto natural. Los niños requieren vivir experiencias biológicas necesarias para su desarrollo: saltar, escalar, mancharse, moverse constantemente, comer cuando tienen hambre, todas ellas parte de su naturaleza instintiva.

¿Por qué gritamos a nuestros hijos?

Hay pocos gritos que realmente se justifican, aquellos que cumplen la función de salvar la vida paralizando al otro: un niño a punto de cruzar una calle o un niño a punto de caerse de una ventana en un segundo piso. El problema es que esos casos son contados con los dedos de las manos y en general los padres gritamos por miles de razones que no implican un riesgo vital.

En general gritamos porque seguimos patrones de la infancia, repetimos en forma automática lo que hacían nuestros padres. Gritamos porque no somos capaces de reconocer los signos que anteceden a los gritos, gritamos porque estamos cansados, estresados y agotados y no somos conscientes de la importancia de implementar un estado de autocuidado que proteja nuestra integridad y la de nuestros hijos.

¿Por qué debemos dejar de gritar?

Porque los gritos producen daños fisiológicos; miedo, terror y estrés. Porque no enseñan, sólo generan miedo en los niños y son un pésimo modelo a seguir.

Los gritos por parte de los adultos, denotan una falta de autocontrol, dañan la autoestima del niño, la comunicación y generan desconfianza, el mensaje que se les transmite es “solo hablo en serio cuando te grito”.

¿Qué herramientas tenemos para dejar de gritar?

Tenemos herramientas humanas como nuestra pareja que nos puede ayudar en momentos de descontrol, un mentor que nos ayude a tomar conciencia,  un observador o alguien de confianza que esté criando de manera similar y que sea una contención emocional y los grupos de apoyo, aquellos donde haya un ambiente respetuoso hacia el niño y sus necesidades.

También disponemos de herramientas físicas como el ejercicio físico, las rutinas diarias de estiramiento, y yoga, la danza, la risa y la respiración consciente. A veces bastanta media hora de movimiento diaria 3 veces por semana para bajar nuestros niveles de estrés, ansiedad y rabia.

Finalmente contamos con herramientas mentales como la meditación, relajación, visualización y oración, que nos entregan una estado más pleno y de bienestar interior que se traduce en un mejor trato hacia nosotros y el resto.

Por otra parte, la pedagogía blanca nos entrega algunas herramientas extras como la bitácora de autoevaluación. Se trata de un cuaderno con un registro diario de todo lo que hicimos bien durante el día (aquellas discusiones que maneje bien con mis hijos, los acuerdos que logramos, etc) y las situaciones en que fallé y debo mejorar.

Esta simple herramienta, nos puede mostrar de manera tangible cuál es nuestra  realidad y cómo podemos ser conscientes de nuestro poder, teniendo claro que la perfección no existe, pero si podemos hacerlo lo mejor posible para desarrollar una relación de respeto con nuestros hijos desde la infancia.

De esta manera podemos crear un plan, donde nos evaluemos, rediseñemos nuevas rutinas y simplifiquemos nuestras vida. No hay que olvidar que lo que más quieren nuestros hijos es estar con nosotros.

 


 Fotografía de Open your eyes Photography

 

Más información sobre la pedagogía blanca:

http://www.pedagogiablanca.com/

Más información sobre el taller online “Dejar de gritar”

Los daños biológicos de los gritos a los niños
Los gritos matan la creatividad
Si, podemos dejar de gritar a los niños

Todos los padres desean dejar de gritar a sus hijos

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