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Columna de opinión “Sanando el nacimiento de mi primera hija”

29 de junio | por |

"No me hice cargo de mi proceso y terminé teniendo una cesárea innecesaria, violenta y además expuse a mi amada hija no sólo a un nacimiento poco amoroso, si no que además al desamparo de la separación con su madre y a mí misma a la infantilización e inseguridad más brutal..

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Columna de opinión “Sanando el nacimiento de mi primera hija” por Florencia Monje

El nacimiento de mi primera hija, hace un poco más de seis años, de alguna manera, fue un nacimiento para mí también. Pero a diferencia de ella, que llegó a este mundo siendo arrebatada sin razón alguna del calor del útero, lo mío ha sido un proceso, uno largo que tiene que ver con la consciencia.

Mi primera experiencia de parto me mostró un lado de mí que no había querido ver, y del cual no pude escapar ante la evidencia de los hechos. Era yo un ser absolutamente irresponsable. No me hice cargo de mi proceso y terminé teniendo una cesárea innecesaria, violenta y además expuse a mi amada hija no sólo a un nacimiento poco amoroso, si no que además al desamparo de la separación con su madre y a mí misma a la infantilización e inseguridad más brutal, esa que se vive ante la indiferencia de paredes heladas y monitores sonando.

Sufrí de violencia obstétrica y eso ha marcado mi camino en la vida. A partir de ahí, de manera muy muy lenta, he hecho un viaje a través del cual he desarrollado un nivel de conciencia que me ha permitido ver con perspectiva lo vivido, hacerme cargo de mi responsabilidad y reparar.

Entender que el nacimiento es un evento determinante en nuestras vidas y concebirlo como un acto de amor en su estado más puro, no me dejó más alternativa que intentar contárselo a la mayor cantidad de mujeres posible, con el ferviente deseo de que ninguna volviera a sentir que le robaban su parto. Entender el parto como un proceso fisiológico normal, parte de nuestra vida sexual y relacionarnos con él con naturalidad y seguridad, hace toda la diferencia.

Las mujeres estamos susceptibles de sufrir violencia obstétrica porque vivimos en una cultura patriarcal e intervencionista que ve el parto como un evento médico más y al recién nacido como un producto. Nuestro modelo de salud actual -más no todos los profesionales- parece desconocer la fisiología del parto y la neurociencia del nacimiento. Intentar protocolizar algo tan íntimo, único e irrepetible es una contradicción, por decirlo de alguna manera. Y nosotras, insertas en esta sociedad, entregamos lo más sagrado como si no nos perteneciera. Y claro que nos pertenece, nada más femenino, más nuestro que parir.

Haber sufrido violencia obstétrica ha significado para mí, un antes y un después en mi vida. Y es para mí un ejemplo tangible de cómo podemos positivar una experiencia negativa. Siempre se puede reparar. Todas podemos hacerlo, cada un encontrará su manera. Generar conciencia es el primer paso.

Tuve otra hija, en una experiencia totalmente distinta. Y hoy, después de un poco más de seis años, he decidido que mi misión en la vida es apoyar a otras mujeres para enfrentarse a su parto y su lactancia de manera segura e informada. Es mi manera de reparar y mi misión en la vida. Eternamente agradecida por eso.


Columna de opinión por Florencia Monje

Email de contacto: gestaluztalleres@gmail.com

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