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Columna de Opinión “El peso de la cultura”

31 de agosto | por |

"El peso de la cultura hace que nos parezca de lo más normal parir acostadas, llenas de cables, sin sentir nada, muchas veces sin recibir ninguna explicación de lo que se nos hace o algo de contención."

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Columna de Opinión “El peso de la cultura” por Florencia Monje

Hace ya algunos años, con el nacimiento de mi primera hija, ha comenzado para mi­ un despertar de conciencia. Un proceso que ha sido lento y que podrí­a homologarlo a sacarse una venda de los ojos. Cada día que pasa siento mis ojos mas abiertos y mis sentidos mas agudizados, en una tarea constante e incansable, que, sin duda, hace que la vida tenga un sentido mas profundo y trascendente, situándome a mí­ como la responsable de todas mis experiencias y quitándole poder a las circunstancias, la suerte, el destino o el azar.

He volcado mi energí­a y mi vocación al tema de la maternidad, especí­ficamente al parto y la lactancia, motivada principalmente por mi propia experiencia y lo fascinante y poderoso que me parece este mundo. Y reconozco dí­a a dí­a en otras mujeres a mi antigua yo.

Mujeres poderosas, luminosas, fuentes de vida y alimento; pero que no lo saben, y, por lo tanto, no acceden a su poder, sino que lo entregan. Inmersas en una cultura que insiste en hacer creer a las mujeres que no somos suficientes.

Crecemos siguiendo cánones de belleza estrictos e irreales que sólo contribuyen a insegurizarnos respecto de nuestros cuerpos. Entonces, nunca estamos lo suficientemente flacas, bronceadas, a la moda o lo que sea.

¿Por qué habrí­a de ser distinto eso a la hora de parir o amamantar?

Creemos que parir de manera fisiológica está reservado sólo para algunas mujeres que siguen ciertas corrientes o que son hippies  y que algunas tienen la suerte de tener leche.

Lo que no sabemos es que parir y amamantar son procesos fisiológicos normales, parte de nuestra vida sexual. El sistema de salud actual toma estos procesos como propios (aunque por supuesto hay profesionales sumamente respetuosos y actualizados)- porque nosotros los entregamos y los medicaliza, como si de una patología se tratara. El parto se ha convertido en procedimiento médico tremendamente intervenido, muy lejano de ser lo que realmente es, una experiencia íntima y profunda, poderosa y llena de amor.

Todo lo que rodea al parto no es muy distinto. Mujeres separadas de sus guaguas, que muchas veces son alimentadas con otras cosas que no son leche materna, lejos del calor del cuerpo de su madre. La naturaleza no tiene previsto eso. La naturaleza espera que madre y cría se enamoren y disfruten en el contacto estrecho de sus pieles, y así­ ambas puedan estar tranquilas y felices. No es raro encontrarse con dificultades de acople, dolor, grietas en los pechos. ¿Es eso lo que la naturaleza quiere para nosotras?, ciertamente no. La separación mamá- guagua y la introducción temprana de chupetes son las principales interferencias que dificultan la lactancia. Y eso es cultural.

El peso de la cultura hace que nos parezca de lo más normal parir acostadas, llenas de cables, sin sentir nada, muchas veces sin recibir ninguna explicación de lo que se nos hace o algo de contención.

Nos parece que así es como debe ser porque son ellos los que saben, no nos parece raro en lo racional, aunque muchas veces en lo emocional si, que se lleven a nuestras guaguas recién nacidas a hacer una serie de procedimientos lejos nuestro o más aún, durante la noche. Nos parece que es “parte de” que la lactancia sea dolorosa y difícil.

No digo que parir no duela y que la lactancia y la maternidad sea siempre miel sobre hojuelas, porque no es así­. Pero hacer uso del poder que la naturaleza nos regala, conectarnos con nuestra esencia y confiar en nuestros cuerpos y sus procesos nos permite disfrutar nuestros partos, y hace mucho más luminoso el camino que empieza.


Columna de opinión por Florencia Monje

Email de contacto: gestaluztalleres@gmail.com

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